Esa es la frase de recibimiento cuando uno llega feliz a su puesto de trabajo (mal pagado) un lunes por la mañana. ¿El motivo? un servidor decide pensar y realizar una acción que sospecha no es del todo correcta así que mi planteamiento fue: ¿dejo satisfecho al usuario en su afán por la lectura o dejo contentos a mis compañeros en su búsqueda de la perfección bibliotequista???
Decidí la primera y envié un correo comentando el hecho en sí ¡craso error!
Lo mejor es aplicar ese gran refrán: “tirar la piedra y esconder la mano”
